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¿Tu trabajo es jugar?: E-sports o deportes electrónicos

Para vosotros, jugadores

Autor: Daniel Rubio Castellanos



Casi en la otra punta del mundo, en Corea del Sur, los videojuegos competitivos son un auténtico fenómeno de masas. Mientras que en España se idolatran futbolistas como Andrés Iniesta o Sergio Ramos, allí su imagen de éxito deportivo son pro-gamers como Lim Yo-Hwan (“SlayerS_BoxeR”) o Lee Sang-Hyeok (“Faker”).


Con la diferencia cultural resaltada, los E-sports están cobrando cada vez más fuerza a nivel mundial, y no es para menos. La industria del videojuego se encuentra actualmente en el puesto nº1 como opción de ocio/entretenimiento, consiguiendo un ingreso de 100.000 millones de dólares en el año 2017, sobrepasando al resto de medios audiovisuales. Según el informe anual de “Newzoo”, solo los deportes electrónicos ingresaron más de 500 millones de dólares en 2017 y estima que la industria alcance los 1.400 millones de dólares para el año 2020. Es en parte por estas cifras, pero sobre todo por el enorme impacto social que los videojuegos han causado como fenómeno social, que el comité de los JJ.OO. plantea incluir los E-sports en su programa de 2024 (en París) o en el de 2028 (en Los Ángeles).


Se celebran y retransmiten en streaming los torneos de E-sport con, cada vez, un mayor público, financiación y repercusión mediática. Se han llenado estadios para ver la competición de los más grandes equipos profesionales. Los géneros más visualizados son los videojuegos de pelea (Street Fighter, Super Smash Bros), First Person Shooter (CS:GO, Overwatch) y MOBA (Dota, League of Legends). Por supuesto, también existen más tipos, además de otros títulos, como por ejemplo Pokemon, que no son considerados E-sports aunque también tengan un apartado competitivo importante.


En un principio, puede costar creer que jugar a un videojuego se considere un tipo de deporte, de hecho yo mismo lo pensaba en un primer momento. Nada más lejos de la realidad. Los jugadores profesionales, sean en solitario o por equipos, deben pasar por un duro entrenamiento. Al igual que otros deportistas de élite, sus horas de perfeccionamiento ocupan alrededor de 8 horas diarias. Si bien no existe una ejercitación muscular per sé, cada pro-gamer debe controlar un conjunto de habilidades necesarias para ganar al contrario: reflejos, coordinación visio-manual, dominancia de estrategias, adaptabilidad al juego del rival y a los cambios estadísticos continuos del propio videojuego, concentración (“flow experience”), comunicación eficaz y eficiente en el caso de equipos, etc.


En definitiva, jugar a nivel profesional no se trata de un pasatiempo, sino que requiere de mucho esfuerzo y sacrificio. Tanto es así que existen entrenadores personales de este sector que enseñan a jugar con lecciones a toda persona que esté interesada. Sin ir muy lejos, hay compañías en la Web como “Game Coach” que permiten la búsqueda del coach que mejor se ajusta a tus necesidades videojugabilísticas, horario y cartera.


Prácticamente todo videojuego, cooperativo y/o competitivo, presenta una serie de mecánicas que permiten dominar el aprendizaje práctico, y una amplia información (relativa a personajes, entorno, habilidades, objetos, estrategias, contramedidas…) que correspondería con la enseñanza teórica. El objetivo de los entrenadores es que el gamer sea capaz de comprender las partes de teoría y práctica y asimilarlas desde la base hasta la profundización.


A todo esto, hay que sumarle que la edad media de retirada de los jugadores profesionales es de unos 24 años, si bien este factor por sí mismo no supone necesariemente la causalidad de las retiradas. En todo caso, los deportes electrónicos conllevan una gran carga para con sus practicantes, sea en forma de estrés a edades generalmente tempranas, de lesiones como tendinitis o roturas fibrilares, de declive en la velocidad de reacción durante las partidas, de problemas de insomnio o de disputas internas con el equipo. Los problemas de un pro-gamer no distan mucho de los atletas de élite, visto así. Y ahora… ¡a jugar!

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